December 13, 2017 visitor1016

Hablemos de resiliencia

Hay un aforismo tibetano que me encanta y dice así: “Con las piedras que me lanzas, construyo mi hogar”.  Efectivamente, en ocasiones la vida nos lanza todo tipo de piedras en forma de adversidad pero es comprensible y habitual que el dolor pueda impulsarnos a adoptar un papel de víctima.

Desde la humana queja y la frustración por no haber pedido tales circunstancias nos podemos ver arrastrados hacia la falta de ilusión o la pasividad ante los infortunios que nos han tocado vivir.

Entonces podemos quedar atrapados en el bucle de los “¿por qué a mí?” o “¿qué he hecho yo para merecer esto?”.

La búsqueda de algún culpable (bien externo o bien nosotros mismos) así como una desoladora sensación de injusticia pueden llegar a monopolizar nuestra vida emocional.

La resiliencia es un tipo de fortaleza psíquica o de fuerza mental que nos permite enfrentarnos a situaciones adversas. Veamos las características de la resiliencia

  • Actitud positiva para afrontar situaciones adversas y salir de ellas.
  • Actitud de reflexión que permite aprender de las derrotas y salir reforzados de ellas.
  • Inteligencia emocionalque nos permite experimentar las diferentes emociones sin bloqueos.
  • Capital psíquico que nos permite interpretar de manera adecuada las situaciones, sin atacarnos contra nuestra persona.

Para entender mejor qué es la resiliencia, debemos atenernos a las definiciones que de la misma dan muchas teorías de la psicología.

Así, la resiliencia es entendida como la actitud que una persona desarrolla para enfrentar mejor las diferentes situaciones de la vida que pueden implicar sufrimiento o dolor.

Mientras en algunos casos la resiliencia es parte de la personalidad y de la identidad del individuo por el modo en que fue criado o por las experiencias de vida que le tocó enfrentar, en muchos otros casos la resiliencia debe ser desarrollada con trabajo constante y diario para evitar que la persona sufra no sólo ante situaciones que provocan estrés, dolor o sufrimiento, sino principalmente ante experiencias y momentos que son parte de la vida cotidiana y que no deberían dejar huella a nivel emocional o físico en la salud de la persona.

1. EL EFECTO BAMBÚ

¿Conoces la fascinante historia de esta planta milenaria? Cuando alguien planta una semilla de bambú, por mucho que la riegue y la abone, esta no parece brotar.

Durante siete largos años el bambú no sale a la superficie y alguien inexperto podría llegar a pensar que la semilla es infértil.

Sin embargo, tras ese período esta curiosa planta sorprende con un crecimiento impresionante: más de 30 metros en sólo 6 semanas.

Esto ocurre así porque el bambú es muy sabio y empieza a crecer interiormente, fortaleciendo sus raíces para luego salir al exterior con esa fuerza que impresiona.

Lo mismo ocurre con nosotros, pues todo proceso de crecimiento personal y profesional comienza por dedicar la suficiente atención a trabajar nuestro auto-conocimiento y a encontrar lo que llena nuestra vida de sentido y propósito. 

2. UNA MIRADA DIFERENTE SOBRE LO QUE SIGNIFICA TRABAJAR

“Si haces algo que amas dejarás de trabajar para el resto de tu vida”, Mark Twain.

Cuando tus esfuerzos van pilotados por tus pasiones, cuando pones lo que se te da bien hacer al servicio de personas o causas que de verdad te importan…ningún lunes vuelve a ser una interrupción de tus únicos dos días de disfrute.

Encontrar un camino que de verdad nos llene, dejar de “trabajar” como obligación…eso sólo es posible cuando buscamos el fantástico lugar en el que se cruzan tres caminos: nuestros talentos, nuestras pasiones y las necesidades de otras personas.

3. IMAGINAR PARA CREAR EN VEZ DE VER PARA CREER

Al fin y al cabo todo en esta vida se crea dos veces, la primera vez en nuestra mente y la segunda en el mundo físico.  Por eso te animo a no desaprovechar esa maravillosa capacidad humana para soñar, para generar ideas, para visualizar, para crear.

Podemos esperar, quejumbrosos y frustrados, a que el mundo o nuestra propia vida sean como nos gustaría que fuesen…pero también podemos cerrar los ojos y diseñar la vida que nos haría realmente felices o los proyectos que aportarían por un mundo mejor.  Luego sólo queda abrirlos y empezar a construir esa realidad.  ¿Con cuál te quedas?

4. FE CIEGA EN TU POTENCIAL

No somos buenos en todo, no somos perfectos en nada, pero todos tenemos mucho que aportar.

No lo dudes, vales mucho.  Empezamos a construir la imagen que tenemos de nosotros mismos y cómo ésta nos hace sentir, nuestra autoestima, en base a las interacciones con otras personas y a las experiencias de éxito o fracaso que hayamos podido percibir desde bien pequeñitos.

Si eres de las muchas personas que han ido aprendiendo a dudar de tu valía o de tus capacidades no te preocupes pues la autoestima saludable se sitúa en una escalera y nunca es tarde para empezar a subir escalones.

Háblate con mimo, recuerda todo lo que has superado, busca retos asumibles y celebra cada avance, escribe lo que te gusta de ti y, en definitiva, quiérete con tus virtudes y tus áreas de mejora, sin condiciones.

5. NO AGACHAR LA MIRADA CUANDO LOS MIEDOS TRATEN DE INTIMIDARTE

Como decía Nelson Mandela:“Valiente no es quien no tiene miedo sino quien aprende a conquistarlo”.

Así es, pues asumir riesgos inteligentes es siempre una opción ganadora.  Sobre todo si adoptamos esa actitud de coraje con la intención de acercarnos a aquello que de verdad anhelamos.

Además, cuando tomamos esas decisiones con una predisposición clara al aprendizaje en vez de a la evitación del fracaso nos resulta más sencillo dar el paso, pues tenemos el éxito garantizado.

Podemos tratar de hacer las cosas bien para obtener los resultados deseados pero, en cualquier caso, si no saliera bien a la primera nos podríamos llevar una buena dosis de aprendizajes que nos harían mejores para la próxima vez.

6. LA VIDA ES LO QUE HACEMOS DE ELLA

Consiste en adoptar una actitud emprendedora ante la vida.  Transformar las ideas y los sueños en acciones diarias, en proyectos de cambio positivo, tanto para nosotros como para nuestro entorno.

Cambiar uno para que la vida cambie
De acuerdo a lo que plantean las teorías de la psicología como el conductismo o el positivismo respecto de la resiliencia, la misma es una actitud que puede lograrse según el trabajo que la persona realice sobre su realidad. En este sentido, es importante marcar que aunque la realidad que nos rodea y en la cual nos toca vivir no siempre es la mejor, sí depende de nosotros el modo de enfrentarla.

Así, hay técnicas y estrategias que el conductismo propone a sus pacientes que buscan hacer que la persona pueda estar mejor parada frente a la vida. Entre ellas podemos señalar el desarrollo de actividades y actitudes mentales positivas que a uno lo hagan sentir más seguro de sí mismo y que así permitan destruir más fácilmente aquellas estructuras que hacen doler, encerrarse en el dolor o sentir que no se puede salir.

Hete aquí la importancia de la resiliencia como parte de un acercamiento hacia una mejor calidad de vida que abarque integralmente a la persona.

Fuente: Álvaro López Morcillo

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